Resaltar lo negativo (o aspectos que no te han gustado) de una película basada en una saga literaria con miles de fanboys, es un suicidio. Si, para más inri, confiesas que no has leído los libros, se te echarán encima como si fueras un billete de 50€ para recriminarte que tu punto de vista no tiene validez alguna si no te sabes todos los nombres de los enanos de los primos del hijo de un personaje secundario. Eso sí, tiene que ser de carrerilla y en orden alfabético.
Esta obsesión y “agresividad” de algunos fans acérrimos hacia todo aquel que tenga alguna opinión negativa sobre “El Hobbit” sin poseer un certificado que confirme que sabe élfico, es uno de los motivos por lo que me interesa sacar todo lo malo que hay en las casi 3 horas de duración.
No, no se trata de un mal largometraje. Tiene muchas cosas buenas que, a día de hoy, millones de espectadores en todos los lugares del mundo se habrán encargado de resaltar en negrita, por lo que considero que volver a repetirlas no tiene ninguna gracia.
Por ello, voy a intentar resumir lo que menos me ha gustado de “El Hobbit” sin contar nada que arruine la experiencia a aquellos pecadores que, como yo, no se han leído el libro.
Antes de empezar, me gustaría hacer una pequeña aclaración sobre las adaptaciones cinematográficas. Cuando se guioniza una película basada en un best-seller, casi todos los lectores se quejan de que hay detalles perdidos, que algo no se ha ajustado a lo que el autor en un primer lugar había escrito en su obra o que algunas escenas no se adaptan demasiado bien. Sin entrar en detalles concretos, es normal que esto ocurra. Una novela no se trata de una obra de teatro y tiene que pasar un proceso de adaptación cinematográfica para que resulte dinámica, entretenida y rápida.
Ahora sí, al grano. ‘El Hobbit’ es un ejemplo perfecto de cómo alargar innecesariamente escenas con la ayuda de una excepcional puesta en escena y con la vaga excusa de que necesitamos conocer a los personajes (como si al final nos fuéramos a acordar de sus extraños nombres y extravagantes personalidades alargando el filme…). ¿Que aparece un nuevo enano que no tiene ninguna relevancia? Pues vamos a contarte durante 10 minutos la apasionante historia sobre cómo fue a comprar el pan el otro día aunque no tenga absolutamente nada interesante. Eso sí, se mostrarán unos paisajes increíbles adornados con unos efectos maravillosos para que no te cuestiones toda la paja que te acabas de tragar y que ni siquiera aparece en el libro.
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A esto hay que sumarle las estúpidas canciones. Sí, sé que están en la obra original, pero se me antojan muy forzadas y ni siquiera riman ni coinciden con el tono en el que cantan. Puede ser que en versión original tengan un pase pero me parecen fuera de lugar.
Otro detalle que sobraba son las bromas absurdas. Hacer un chiste con los mocos de los orcos o la caída de alguien no resulta gracioso en el año 2012 y mucho menos cuando están mal hechas. Querido, Peter Jackson, ya sabemos que tienes que dar una razón para que una película que debería durar una hora llegue casi a las tres, pero podrías haberlo hecho mejor metiendo un humor algo más sutil que no diese tanta pena. Que “El Hobbit” se trate de un libro para niños no deja de ser excusa para introducir esas chorradas por el medio.
Por último, y aunque esta crítica vaya dirigida principalmente al libro, hay cosas que no están bien dentro del mundo fantástico. No quiero arruinar nada, por lo que intentaré ser lo más general posible.
Cuando creas un mundo diferente al nuestro que se maneja por sus propias reglas, estaría bien que se enseñaran desde un principio y que nunca se vieran infringidas para que no haya sinsentidos. No entra en la cabeza de nadie que, por ejemplo, un mago sea capaz de destruir una ciudad entera con un hechizo y veinte minutos más tarde aparezca luchando cuerpo a cuerpo sin ninguna explicación de por medio. ¿Por qué no puedes usar la magia en ese instante? ¿Se te acabó el “maná”?
De la misma manera, el recurso de la fantasía es muy peligroso porque tiende a, repito, crear convenciones que no teníamos asumidas en un primer lugar. No tiene sentido que para salvar a unos los personajes de una situación concreta, crees unas nuevas criaturas mágicas que rápidamente solucionan todo el embrollo. ¿De dónde salen? ¿Por qué no se se supieron de su existencia antes? ¿Por qué si hay una situación similar más tarde no vuelven a aparecer? Estas cosas me sacan de quicio.
En definitiva, en mi opinión “El Hobbit” está muy sobrevalorada aunque no sea una mala película. Eso sí, la versión extendida será una de las armas que usará el gobierno de los EEUU para sacarle la información a los terroristas. Nadie puede sobrevivir a media hora más de aburrimiento.







